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Bahá'u'lláh: Prometido de todas las épocas

Bahá'u'lláh anunció en 1863 que Él es el Mensajero de Dios para esta época. Sus enseñanzas y escritos sagrados forman la base de la Fe bahá’í.

Bahá'u'lláh proclamó que su Divina Misión es engendrar el renacimiento espiritual y la unidad de la humanidad. Prometió que esto conduciría al establecimiento de la paz mundial permanente y al Reino de Dios sobre la tierra. Bahá'u'lláh ha atraído a millones de seguidores de cada rincón del planeta, nos ha brindado leyes y enseñanzas sobre cómo ejecutar Su visión y Sus seguidores están laborando en todas partes para hacerla realidad.

Bahá'u'lláh enseña que Dios, nuestro bondadoso Creador, nos envía Mensajeros Divinos, conocidos como Manifestaciones de Dios, con enseñanzas que le permiten a la humanidad conocer y adorar a Dios. Estas grandes Manifestaciones, quienes han aparecido a lo largo de la historia entre cada 500 a 1.000 años, conducen a la civilización humana a niveles de desarrollo espiritual y material cada vez más altos. Bahá'u'lláh es el más reciente de una larga serie de Mensajeros Divinos que incluye a Abraham, Moisés, Jesús, Mahoma, Krishna, Buda, Zoroastro y el Bab.

Akka
Al llegar a ‘Akká, Bahá’u’lláh y Su familia
fueron encarcelados en esta fortaleza en
el borde del mar Mediterraneo.

Bahá'u'lláh nació en 1817 en Persia, donde provenía de una destacada familia encabezada por Su padre, ministro de la corte del chah.  Su nombre de nacimiento (por no decir “de pila”) era Mirza Husayn Ali, pero Él se identificaba como Bahá'u'lláh, un título que significa “La Gloria de Dios”. Rechazando un cargo en la corte que su posición le confería, Bahá'u'lláh ganó fama por Su generosidad, bondad y preocupación por los pobres. Esto llevó a que fuera profundamente amado por sus compatriotas.

Esta posición privilegiada no duraría. En 1844, cuando Bahá'u'lláh aún no había cumplido treinta años de edad, un joven comerciante de la ciudad de Chiraz, quien la historia conocería como el Bab, anunció que Él era el Heraldo de un Mensajero de Dios mucho más grande que Él quien estaba destinado a establecer la paz universal presagiada en los escritos sagrados de todas las religiones. Bahá'u'lláh anunció su creencia en las enseñanzas  del Bab, y fue acometido por la ola de persecución desatada por el gobierno y los cleros de Persia contra el Bab y sus seguidores. Luego de que el Bab fuera ejecutado en 1850, Bahá'u'lláh perdió todos sus favores terrenales y fue sometido a encarcelamiento, tortura y una serie de destierros. El primer destierro fue a Bagdad, donde en 1863 anunció que Él era Aquel prometido por el Bab. Desde Bagdad, Bahá'u'lláh fue desterrado a Constantinopla, a Andrinópolis y finalmente a la ciudad-prisión de Acre, en la Tierra Santa, donde arribó como prisionero en 1868.

Desde Adrianopolis, y más tarde desde Acre, Bahá'u'lláh escribió una serie de cartas a los soberanos de Su tiempo que se incluyen entre los documentos más extraordinarios de la historia de la religión. En ellas proclamaba la venidera unificación de la humanidad y la emergencia de una civilización mundial. Bahá'u'lláh  instó a los reyes, emperadores y presidentes del siglo XIX a que conciliaran sus desacuerdos, redujeran sus armamentos y expendieran sus fuerzas en el establecimiento de la paz mundial.

Shrine of Baha'u'llah
El Santuario de Baha'u'llah

En 1892, Bahá'u'lláh falleció en Bahji, justo al norte de Acre, donde fue enterrado. Sus enseñanzas ya se habían propagado más allá del Medio Oriente. El Santuario de Bahá'u'lláh es hoy día el punto central de la comunidad mundial que sus enseñanzas han engendrado.